Lección 2: No se Combate la Estupidez, se Aprende a Convivir con Ella

¿Alguna vez te has preguntado por qué, a pesar de todos nuestros avances como sociedad, seguimos tropezando una y otra vez con las mismas piedras? ¿Por qué personas en altos rangos y con condecoraciones académicas toman decisiones que nos dejan rascándonos la cabeza?

Carlo M. Cipolla trata de dar respuestas a estas preguntas en "The Basic Laws of Human Stupidity". En un análisis que por momentos parce ser jocoso, Cipolla nos presenta una verdad que todos conocemos pero nos negamos a aceptar plenamente: hay personas estúpidas en todos lados y no hay forma de evitarlas.

La Primera Ley o Regla de “Hay Estúpidos por Doquier":

Siempre es inevitable y todo el mundo subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

Todos hemos caído en esta trampa. Nos convencemos de que en nuestro círculo social, en nuestra empresa, en nuestra universidad, la proporción de personas estúpidas debe ser menor. Es un pensamiento reconfortante, ¿verdad? Pero la primera ley básica de la estupidez humana nos golpea con una verdad incómoda: siempre, invariablemente, subestimamos el número de individuos estúpidos en circulación.

Lo más fascinante es cómo esta ley se manifiesta en nuestra vida cotidiana. Ese colega que a pesar de su brillantez académica toma decisiones cuestionables para la empresa. Ese amigo que repetidamente sabotea sus propias oportunidades mientras arrastra a otros en su caída. No son excepciones; son la regla que nos negamos a ver.

La Segunda Ley o el “Espejismo de la Educación”:

La probabilidad de que una determinada persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona o de su entorno.

"Con mejor educación, habrá menos estupidez", pensamos. Otro error. La segunda ley nos revela una verdad perturbadora: la probabilidad de que alguien sea estúpido es independiente de cualquier otra característica personal. No importa si hablamos de un Premio Nobel o de alguien sin educación formal, la proporción se mantiene constante.

Te guste o no la Segunda Ley, sus implicaciones son aterradoras: la Ley sugiere que ya sea que te muevas en los barrios marginales de Mumbai o encuentres refugio entre los ejecutivos de Wall Street, ya sea que te encierres en una favela de Río de Janeiro o decidas pasar el resto de tu vida en las prestigiosas aulas de Oxford, siempre tendrás que enfrentarte al mismo porcentaje de personas estúpidas - porcentaje que (de acuerdo con la Primera Ley) siempre superará tus expectativas.

La Tercera Ley o “Regla de Oro de la Estupidez”:

Una persona estúpida es una persona que causa pérdidas a otra persona o a un grupo de personas sin obtener ninguna ganancia e incluso posiblemente incurriendo en pérdidas.

Aquí es donde las cosas se ponen interesantes. La tercera ley nos presenta una clasificación que cambia nuestra perspectiva sobre las interacciones humanas:

- Los Inteligentes: Benefician a otros mientras se benefician a sí mismos

- Los Bandidos: Se benefician a costa de otros

- Los Desvalidos: Se perjudican mientras benefician a otros

- Los Estúpidos: Causan daño a otros sin beneficio propio, incluso perjudicándose

Nuestro día a día nos impone lidiar con personas que nos causan pérdidas económicas o nos provocan vergüenza. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué estas personas mantienen ese comportamiento absurdo cuando no hay nada que ganar y, de hecho, solo hay pérdidas. En realidad, no existe otra explicación más que una: la persona en cuestión es estúpida.

La Cuarta Ley o el “Alto Costo de Subestimar el impacto de la Estupidez”

Las personas no estúpidas siempre subestiman el poder dañino de los individuos estúpidos. En particular, las personas no estúpidas constantemente olvidan que en todo momento, en todo lugar y bajo cualquier circunstancia, asociarse y/o tratar con personas estúpidas resulta infaliblemente ser un error costoso

La cuarta ley expone nuestro error más peligroso: la persistente subestimación del poder destructivo de las personas estúpidas. Nos engañamos pensando que podemos manejarlas, que podemos anticipar sus acciones, que podemos minimizar su impacto. Es una ilusión costosa.

¿Por qué caemos en esta trampa? Porque la racionalidad nos traiciona. Podemos entender y predecir las acciones de un bandido - son desagradables pero siguen una lógica. Pero la estupidez... la estupidez opera fuera de toda lógica, y ahí radica su poder devastador.

La Quinta Ley:

Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa.

La quinta ley cierra el círculo con una verdad demoledora: una persona estúpida es el tipo más peligroso de persona que existe. Y aquí está la paradoja que debemos aceptar: no podemos eliminar la estupidez de la sociedad. Es una constante, como la gravedad.

La Verdadera Sabiduría

Después de reflexionar sobre estas leyes, llegamos a una conclusión incómoda pero necesaria: la verdadera sabiduría no está en tratar de eliminar la estupidez (imposible) o en pretender que podemos evitarla (ingenuo), sino en aceptar su existencia como una constante universal y aprender a navegar en un mundo donde siempre estará presente.

La paradoja más grande de todas es que el primer paso hacia la sabiduría podría ser aceptar que la estupidez es ineludible. No podemos erradicarla, no podemos evitarla por completo, pero podemos aprender a vivir con ella de manera más consciente y preparada.

Y tal vez, solo tal vez, esta aceptación nos haga un poco más sabios en el proceso. O al menos, un poco menos estúpidos.